La Odisea y la certeza que ya no me emociona

Al salir de la sala de cine fue inevitable no pensar en lo que muchos están sintiendo con cada apuesta de Christopher Nolan, sobre todo con sus dos últimas películas, que han sido la puerta de entrada a un autor que lleva más de veinte años maravillando.

Gente aplaudiendo al final de la función, emocionada, un vivo debate en redes sociales y casi un evento en sí mismo, tanto para quienes se consideran cinéfilos como para los que no. Una certeza compartida: la de haber presenciado algo de gran solidez técnica. Una certeza que también tengo, pero que ya no me resulta emocionante.

El cineasta de la escala

La épica, el detallismo técnico y la cantidad de aciertos en cuanto a la escala siguen confirmando la clase de cineasta que es Christopher Nolan. Resulta casi un privilegio poder observar a un autor ofreciendo una visión que no está sujeta a ninguna corporación, sino a su manera de entender el mundo.

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¿Pero qué hay más allá de eso?

Me pregunto por qué no logro conectar con el cineasta que me hizo llorar con Interestelar, que me dejó anonadado con Memento o que me entretuvo con su visión de Batman. ¿Qué pasó con el director que utilizaba lo espectacular como excusa para emocionar? ¿Dónde está el Christopher Nolan que me hizo amar el cine?

Una odisea con la que no conecté

Si bien La Odisea presenta un ejercicio audaz, técnicamente categórico, con ciertos vestigios emocionales —como su escena final montada impecablemente, la del arco, y secuencias donde el plano general resulta inmersivo— no termino de entrar en ella.

El plano con el leve zoom característico está, la cámara en mano está, la banda sonora que refuerza momentos llenos de épica está. Las actuaciones sólidas están. Los diálogos con fuerza están. Es decir, termino por entender a la gente que conecta con ella y con su anterior película, porque es innegable el logro técnico y, para algunos, también narrativo. Pero está lejos de ser el cineasta que comprendía el equilibrio entre lo espectacular y lo emocional.

Tal vez sea fatiga, tal vez haya entrado en una visión más “madura” como cineasta, tal vez ha llegado el momento de admitir que aquel director que alguna vez me cautivo, ha transmutado su cine y ha podido conectar con un nuevo público, un nuevo público que está sintiendo lo que alguna vez yo sentí.

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