Predator: Badlands es una reinvención de la franquicia de Depredador. Esta vez, la historia no se centra en los humanos siendo cazados por el monstruo, sino en el propio Dek, el protagonista de la especie Yautja, corriendo peligro constante en el planeta Genna.

Es un giro interesante, porque por primera vez vemos la historia desde la perspectiva de los Yautja, su cultura y su código de honor: “ser el mejor cazador para poder ser aceptado dentro de la tribu”, lo que le da un aire fresco a la saga sin perder la esencia de acción y supervivencia que la caracteriza.
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Además de Dek, tenemos a Thia (protagonizada por Elle Fanning) una sintética de la corporación Weyland-Yutani, con un trasfondo particular que le aporta a la película el lado humano inesperado en medio de tanta brutalidad. Y también a Tessa, la “gemela malvada” de Thia, que servirá como el contrapeso de la ideología que Thia está tratando de promover entre especies.
Predator: Acción visualmente atractiva
Todo el diseño visual, las criaturas y los paisajes alienígenas, logran crear una atmósfera de peligro en cada paso.
Algunos fans más puristas tal vez extrañen la sensación de terror y el misterio de las primeras entregas, ya que aquí el enfoque es más épico que aterrador, dándole a un Yautja, el papel de héroe en lugar de villano.

Predator: Badlands cumple lo que promete: es una película de acción sólida, visualmente atractiva y con un enfoque nuevo dentro de una saga que muchos daban por acabada. Si vas buscando entretenimiento, criaturas impresionantes y una historia con cierto toque emocional, la vas a disfrutar.
Así que en efecto, Dan Trachtenberg está reviviendo y salvando a la franquicia de Predator, y le damos gracias por eso.


