Un Tranvía Llamado Deseo: Una escena teatral íntima e intensa

Entras al Teatro Julio Castillo, una plataforma grande en medio del escenario, las luces están al 100% y el elenco está en la plataforma haciendo ejercicios de calentamiento y dando un poco de contexto de lo que verás, inmediatamente tu como espectador entras a ser parte de Un Tranvía Llamado Deseo.

Blanche DuBois llega a Nueva Orleans para vivir con su hermana Stella y su cuñado Stanley. Blanche lidiando con traumas pasados y condiciones de salud mental, busca apoyo en su hermana, la única familia viva que le queda.

Un tranvía llamado deseo
Foto por Riziare Arvel

La obra examina la codependencia y el machismo en la relación de Stella y Stanley, un matrimonio que se mueve entre el amor y la violencia, y que con la presencia de Blanche se intensifica en tensiones, revelando la agresividad de Stanley frente a la vulnerabilidad de Blanche. Marina de Tavira nos sorprende como Blanche Du Bois aventando su baúl por las escaleras dando por inicio a este viaje.

Diego del Río adapta la obra maestra de Tennessee Williams (1911 – 1983), con una propuesta escénica poética pero llena de fuerza con grandes matices de la actualidad. Metáforas, juegos sonoros (creado por los mismos actores), una iluminación que hipnotiza, ficción e interlocución hacen de esta historia un poderoso eco sobre las masculinidades y la violencia.

Parece increíble que el texto original se haya escrito en 1947 y que al día de hoy al ver esta obra representada, creerías que fue escrito en tiempos recientes, el director se encarga de que el texto de Tennessee se exprese con una genuinidad para que conserve su esencia, agregando pequeñas adaptaciones y decisiones escénicas eficaces que combinado con el talento expresivo de los actores nos entrega una adaptación única y poderosa.

Un tranvía llamado deseo, el escenario como personaje

Hablemos primero del logro técnico, la plataforma grande en un espacio abierto agrega una intimidad y hace complice al espectador con el actor y somos testigos de esta historia, esta plataforma tiene trampas que le agrega profundidad a la imaginación para crear los escenarios, cada espectador elige cómo construir las habitaciones y entornos abiertos por los que la historia relata.

El mayor acierto que tiene la producción de esta obra es el exquisito juego de luces y sombras que ocurre a lo largo de la historia, que sirve para ampliar, delimitar y subrayar símbolos, acciones dándole un propio significado y por supuesto metáforas

Un tranvía llamado deseo
Foto por Riziare Arvel

Esta iluminación ayuda a darle dimensión a los personajes y en muchas escenas habla por sí sola, le da más peso cuando Blanche Du Bois está en sus momentos más vulnerables, aquí la luz la abraza y delimita su espacio, mientras que en los momentos más tensos y de violencia la luz se abre a iluminar incandescentemente a toda la plataforma, mostrando el riesgo y la alerta sobre la situación que estábamos presenciando. Y al final, este juego de luces subraya un claroscuro estéticamente hermoso sobre el escenario y personajes como si de una pintura al óleo se tratase.

El juego sonoro y música creada por Andrés Penella, le da otra capa de dimensión a la escena teatral y termina por acercar al espectador y hacerlo parte del relato. Le da esta sensación de intimidad al escenario y ayuda a entender mejor el desarrollo y psique de los personajes, a la vez que se siente que este juego entre música, ruidos y voces le están dando vida a un poema, enaltece la obra y la hace auténtica.

Realismo norteamericano universal transformado en la actualidad

Como escribí al principio de este texto, es una adaptación de la obra de Tennesse Williams ambientada en los 40´s en Nueva Orleans, el autor hace una fuerte crítica a la violencia, al machismo, a las relaciones codependientes, a la sexualidad femenina, a la discriminación, la homofobia, la fragilidad de la salud mental y a las vías de supervivencia que encuentran los personajes para sobrevivir en una sociedad lastimada.

Un tranvía llamado deseo
Rodrigo Virago y Astrid Mariel en escena. Foto por Riziare Arvel

El director Diego del Río se encarga de retratar esto, agregando sutiles cambios a la actualidad, que he decir, nada alejado de lo que escribió en ese momento el autor original, sobre todo en esta adaptación hace énfasis en la violencia del machismo, criticado en la voz de sus personajes femeninos

El abuso sexual y la relación codependiente agrega tensión y cierto grado de incomodidad por lo que estamos viendo, la crudeza con la que se refleja este tema agrega fuerza a la representación, aunque por otra parte le resta un poco de potencia cuando se habla de salud mental debido a que el desequilibrio mental que tiene Blanche hoy en día es romantizado por una sociedad neurótica.

Esto mismo sucede con el personaje de Stella, al ser dependiente a una relación llena de violencia, abuso y manipulación, en la que hoy en día vemos las llamadas “red flags” pero decidimos ignorarlas por el simple hecho de no sentirnos abandonados e incapaces de conseguir una relación sana, pero sobre todo el estar bien con uno mismo a solas.

El personaje de Blanche Du Boise, muestra el alma y el rostro de una mujer bella y desvencijada, que se aferra a su inmensa pérdida en los rastros de lo que alguna vez fue su vida. Marina de Tavira le otorga al personaje inteligencia, poder, honestidad, hondura y gotas de ternura en su precipitado camino sembrado de pérdidas.

Un tranvía llamado deseo: una escena teatral íntima e intensa

En conclusión, es una Un tranvía llamado deseo es una grandiosa adaptación de Diego del Río, aderezada con una iluminación bellamente hipnotizante que le agrega poseía una historia marcada por la vulnerabilidad, la salud mental, el machismo y la violencia; agregando una interlocución con el espectador para matizar los momentos más tensos con pequeños destellos de comedia y con una elenco encabezado por Marina de Tavira y Astrid Mariel que te atrapan por completo y te hacen cómplice de la historia, y una composición musical poética en la que participa todo el elenco.

Elenco de un Tranvía Llamado Deseo. Foto por Riziare Arvel

Eso sí, ve preparado por que la obra dura casi tres horas y cuenta con un intermedio de 5 minutos lo que puede ser que se te haga una obra algo pesada de ver, pero que sinceramente todos debemos ver y entender cómo mejorar como sociedad.

Un tranvía llamado deseo se presenta de jueves a domingo a las 18:45 hrs en el Teatro del Bosque Julio Castillo en una corta temporada que termina el 8 de junio del presente año

Acá te dejamos otra puesta en escena que también está corriendo y no te puede perder.

 

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