Desde el estreno de la última temporada de Los juegos del calamar me he tomado el tiempo de recuperar, leer y comprender información que existe alrededor del final de Squid Game. He leído a mexicanos, estadounidenses, familiares y personas cercanas. Estas son mis conclusiones a partir de todo lo que absorbí.
Los Juegos del Calamar anteponen un antes y después para la cultura popular, pues, al ser una obra que apela a la crítica del sistema capitalista actual, y cómo es que cada jugador podría tratarse de una persona de la vida real, desde su primera temporada obtuvo una repercusión muy grande y un recibimiento abismal. Esto no fue solo debido a la gran historia original que contiene, pero también su origen tan inusual.

Paralelismos cinematográficos
El creador de Squid Game, Hwang Dong-hyuk es un director y guionista surcoreano que, gracias a su talento inapelable, Forbes declaró Squid Game como la producción original más vista en la historia de Netflix. Sin embargo, las condiciones para que ello sucediese no serían demasiado distintas a las que vivía el protagonista de la serie, Gi- hun.
Anterior al éxito de los juegos, Hwang Dong-hyuk pasaba por una crisis financiera grave, lo cual, provocó que escribiese la idea original en 2008 enfocada en lo que en ese entonces sufría el mismo, orillándolo incluso a mudarse con su madre y abuela, y a vender su laptop. En una entrevista de Variety, reconoció que quería escribir una historia “que fuese una alegoría o fábula sobre la sociedad capitalista moderna (…) de alguna manera como la competición extrema que es la vida”.
“No somos caballos, somos humanos,”
Debido al agotamiento exhaustivo que fue realizar la primera temporada de los juegos, consideró no volver a realizar otra temporada, sin embargo, sin importar el desgaste mental e incluso físico del creador, Netflix decidió iniciar la producción de una segunda temporada debido a la gran cantidad de dinero que ganó gracias a la primera entrega, estimándose una ganancia superior a los 900 millones de dólares.
La idea original tardó en escribirse, ser digerida y estructurada tal y como la conocemos durante más de una década. Durante una entrevista al Korea Times, nuestro creador reveló: “La gente comentaba que la serie es relevante para la vida real. Lamentablemente, el mundo ha cambiado en esa dirección.”
Sin importar la prórroga que pidió Hwang Dong-hyuk para la producción de la segunda temporada, siguieron con la producción de la segunda y tercera temporada que aparece en nuestras pantallas.

“y los humanos somos…”
Desde el primer episodio se puede observar una diferencia clara al tono y forma en la que está escrita a la primera temporada. Todo comienza a cobrar sentido una vez iniciados los juegos de la segunda temporada, nada sería igual a lo que fue antes.
En la primera temporada nuestro protagonista, Gi-hun, se nos introduce su personaje disfrutando ver carreras de caballos, apostando dinero en ello. Sin saber que el se convertiría en caballo. En la segunda temporada se apuesta de manera más explícita a los jugadores como “fichas” que utilizan los VIP como si se tratase de un juego sin más, la misma dinámica en la que llegó a participar nuestro protagonista sin resentimientos en la primera temporada.
Considero que, la tercera entrega fue sumamente insatisfactoria. Carente de información clave para los nuevos personajes de la serie, manteniendo una profundidad plana y un ritmo anti-climático gracias las subtramas sin repercusión de los policías buscando la isla y la guardia que quería salvar a un civil de los juegos. Y, sin embargo, a pesar de cada falla, hoyo de trama, y finales inquebrantables para la salud mental de los espectadores de los Squid Game, considero que fue el mejor final para la serie, no para nosotros.
La verdadera victoria no está en ganar el Squid Game, sino en negarse a ser parte de él.
El círculo vicioso del sistema actual cierra en la muerte de Gi-hun: “No somos caballos, somos humanos, y los humanos son…” es la frase con la que cierra uno de los personajes más icónicos de la historia de la ciencia ficción. Durante mi investigación me encontré con una perspectiva muy interesante, que mencionaba que tal vez Gi-hun no termina de concluir su frase porque nunca nos dejan terminarla en la vida real. Quien había comenzado a participar en la dinámica en la primera temporada, se negó a jugar desde dentro, no presionó el botón y no ganó el juego. Su sacrificio rompe el ciclo dentro de la serie y fuera en la vida real. Ya no se puede continuar o capitalizarse más la historia de Gi-hun con más temporadas.
Los juegos de la segunda y tercera temporada se encargaron de mostrarlos lo peor que puede representar el ser humanos: ser violentos, traicioneros o crueles. Sin embargo, también mostraron matices que pueden existir incluso en los peores lugares, como la amistad, amor y sacrificio. Me gusta pensar que somos todo y nada a la vez, en una continúa evolución que implica experiencias, traumas y pensamientos que vivimos día con día.

¿El final es bueno o malo?
La conclusión que le da Hwang Dong-hyuk a su obra nunca tuvo como objetivo darnos una respuesta clara, una dirección verdadera. Nos obliga como audiencia preguntar qué es lo qué salió mal, qué es lo que significa verdaderamente ser humano, o qué implica volverse malo o volverse una persona que podría sacrificarse por los más indefensos. Al final, Gi-hun no trató de derrocar a los juegos o al sistema en sí, únicamente eligió ser el tipo de humano que quería ver en otros desde la segunda temporada. No un humano heroico que salvaría y arrasaría con todo a los juegos, sino uno que es eso: humano. Y tal vez, solo tal vez, esa es la verdadera respuesta a si es un buen o malo final para Squid Game: Es un final humano.
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