Almodóvar regresa con apuntes en mano de todos los aspectos débiles de sus últimos proyectos, para así entregarnos una obra sumamente personal que invita al análisis de él mismo como director consolidado. A través de un tono crudo pero real nos expone lo que considera de sí mismo y como esto afecta al entorno en el que crea y vive. Amarga Navidad: Almodóvar en su etapa más re-introspectiva.

Elsa y su historia creada por Raúl (Almodóvar) Durán
Amarga Navidad cuenta dos historias paralelas: Elsa, una directora de comerciales quien a través de su adicción por los rodajes no se permite atravesar el duelo de la muerte de su madre (quien falleció ya hace un año), pero, debido a una serie de jaquecas insoportables decide de una vez por todas darse un merecido descanso, y, consigo, pasar por el duelo de su madre.
A la par, observamos a Raúl Durán, un director de cine bastante consolidado dentro de la industria, quien, escribe la historia de Elsa con bastante incertidumbre, puesto que no está seguro de la historia que quiere contar y las aristas que esta conlleva.
Sin embargo, en el camino de escribir el guion Raúl se encuentra con una revelación más grande por cuestionar y discutir: su evolución como director y cómo aquello le ha afectado cada aspecto, faceta o persona alrededor suyo.
Primero, me gustaría recalcar que personalmente me emocionaba mucho este proyecto, puesto que se veía claramente distinta la propuesta de fotografía y color a comparación de su antecesora, La habitación de al lado (2024).
Afortunadamente me complace decir que Amarga Navidad goza de bastante color y una fotografía distintiva a lo Almodóvar clásico que todos hemos visto. En general, la propuesta de diseño de producción acompaña perfecta y específicamente esta vibra clásica que todos extrañábamos de él.

Amarga Navidad: El subtexto es la verdadera joya de la película
Bárbara Lennie como “Elsa” dio directo en el clavo con una actuación que queda en el borde perfecto de lo que es ficticio y está claramente inspirado en la vida real.
A lo largo de la historia se observan paralelismos cada vez más obvios de la vida de Raúl, es decir, Almodóvar; así como aspectos de la vida de sus más allegados e incluso cómo les afecta a ellos estos mismos. Elsa no hubiera sido creada si no fuese por la existencia Mónica (la asistente de Raúl), pero no pierde su valor cinematográfico gracias a ello, sino que lo enriquece.
Entre líneas, Almodóvar trae a la mesa la relación que tienen los artistas en general con la inevitabilidad de llevar sus vidas a la ficción de sus obras. No hay director de cine que no se haya inspirado en sus propias experiencias de vida, y, aunque dependiendo de quien se trate, lo llevaran con respeto para crear su historia.
Almodóvar expone justamente el caso contrario de un director que, debido a su estancamiento artístico, no solo utiliza de manera irrespetuosa información delicada de sus allegados para la historia de Elsa, sino también, información que realmente no aporta a la trama a nivel narrativo. Para un director de cine, un terrible maleficio es el no poder encontrar la historia de tu película, pero es aún peor tener todas las piezas del rompecabezas y no poder ser capaz de armarlo hasta el punto de no encontrar un sentido o un protagonista como tal.

En general, Almodóvar nos sumerge en este gran subtexto que se disfruta ver en pantalla con escenas que exploran lo que puede llegar a ser la historia definitiva de Elsa.
La cereza del pastel: todo y nada a la vez está conectado con lo que es real
Sin embargo, a pesar del interesante recorrido que nos presenta con cada acto, lamentablemente se estanca en cierto punto, y, provoca que pierdas el interés de la resolución de ambas historias.
Mantienes la concentración por la importancia que surgió de ver ambos protagonistas, (es decir Elsa y Raúl) a lo largo de sus caminos, pero no la mantienes por un ritmo bien ejecutado durante el final del segundo y tercer acto por completo.
A pesar de ello consideró que el final es la verdadera cereza del pastel y la que culmina una experiencia bastante retroalimentativa de lo que puede ser (o no) el proceso de Almodóvar cada vez que hace un guion para una película. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, ¿no?



